En 1991 se realizó en Londres una reunión internacional de la Red Global de personas viviendo con vih/sida.
Por entonces era un encuentro de hombres y para hombres: se debatía acerca de las realidades de ellos, las problemáticas que enfrentaban. Eran también ellos los que tomaban todas las decisiones.  Se hablaba de la “peste rosa” porque se creía erróneamente que la epidemia afectaba principalmente a hombres homosexuales.

Las mujeres parecían estar fuera de todas las discusiones. Nadie había reparado en ellas. Pero ahí estaban. Cada una con su historia a cuesta, sus interrogantes, sus miedos y tantas incertidumbres. Habían llegado de distintos países, hablaban diferentes lenguajes, pertenecían a diversas culturas. Nada impidió que se entendieran.

Decidieron juntarse: por primera vez en la historia de las organizaciones sociales un grupo de mujeres se unía desde su condición de género para dar respuesta al vih.
Al año siguiente, en la Conferencia Internacional de Sida realizada en Ámsterdam se presentaron como la Comunidad Internacional de Mujeres viviendo con vih/sida (ICW por sus siglas en inglés).

Fue impactante. Las mujeres dijeron acá estamos, tenemos necesidades específicas y vamos a defender nuestros derechos.  Porque como expresó entonces Jeannine Van Woerkun, activa organizadora de aquel encuentro y fundadora de ICW: “Las cosas hay que hacerlas hoy. Mejor es hacerlas ya, hoy mismo, que ver mañana qué no se ha podido hacer…”.

Entre aquellas mujeres recordamos a: Gugu Dlamini de Sudáfrica, que en su intento de trabajar por detener la propagación del virus dio a conocer que era positiva y fue lapidada en su vecindario; Mukandoli Chantal de Ruanda, María de Bruyn de Holanda; Fiona Pettit, Alice Welbourn, Jo Manchester del Reino Unido, Anita Bolderheij que fue la que propuso el nombre de la organización, Hannah Jansen, Carmen Terrades de España, Araba Mercer, Bev Greet de Australia, Dorothy Onyago de Kenia, Kate Thomson de Reino Unido, Cindy Robins de Estados Unidos y Patricia Pérez de Argentina, actual presidenta mundial de ICW Global.

El trabajo comenzó entonces. Fue difícil. No sólo por las distancias, por las complicaciones para estar comunicadas; sino porque muchas se quedaban en el camino. Un día ya no estaban. O se corrían agotadas por la presión de la sociedad. Superadas a veces por la falta de recursos. Pero siguieron adelante. No solo avanzaron. Crecieron. Y la organización se ramificó en Regiones, que  la vez trabajaban con Capítulos nacionales.

ICW Global surgió para buscar respuestas ante las desesperadas faltas de apoyo, información y servicios disponibles. Nació también para promover la participación de las mujeres en los espacios donde se debaten las políticas públicas y se toman las decisiones que influyen en la vida de miles de personas que conviven con el virus.

Desde 2007 ICW Global impulsa la campaña mundial MÁS PAZ MENOS SIDA. Considera que la paz es una herramienta indispensable para detener el avance de la pandemia. Y se ha convertido en la primera ONG que amplía la respuesta social al VIH que es admitida como socia internacional de la Oficina Internacional de la Paz (IPB). Patricia Pérez ha sido nominada en varias oportunidades al Premio Nobel de la Paz.

En 2012 la organización cumplirá 20 años. Hoy sigue siendo la única red mundial dirigida e integrada por mujeres, niñas, adolescentes y jóvenes positivas. Actualmente forman parte de esta organización más de 15 mil mujeres de 120 países de los 5 continentes. Pertenecen a diferentes culturas, hablaban distintos idiomas, pasan por todas las edades, respetan las más variadas religiones, no importa cual es su estatus económico o social. Las une el amor por la vida. Eso las hace iguales.  Y fuertes. Eso las impulsa a repetir sin cansancio: “NADA PARA NOSOTRAS SIN NOSOTRAS”.